Somos el Club Atlético Argentino de Quilmes y, al mismo tiempo, un símbolo de rebeldía criolla y emblema del ascenso argentino. Fundado el 1 de diciembre de 1899 en la ciudad de Quilmes, provincia de Buenos Aires, fue el primer club de fútbol creado por argentinos y hoy compite en la Primera B, tercera categoría para los clubes directamente afiliados a la AFA. Su casa es la histórica Barranca Quilmeña, rebautizada desde 2025 como Estadio Dr. Isidoro Iriarte, con capacidad para unas 5.000 personas.
Entre 1895 y 1899 funcionaba un equipo llamado El Relámpago, integrado por estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires, varios de ellos quilmeños. En aquellos años, el fútbol de la ciudad estaba monopolizado por el Quilmes Athletic Club, de raíces inglesas, que según el mito fundacional no aceptaba jugadores argentinos en su plantel.
Cansados de esa exclusión, el 1 de diciembre de 1899 un grupo de esos estudiantes decidió crear su propia institución: así nació el Club Argentino de Quilmes, pensado específicamente para que los futbolistas nativos pudieran tener un espacio donde competir. Entre los fundadores hubo jóvenes de clase alta, como Julio Castellanos –primer presidente del club– y Harold Torre, nacido en Inglaterra pero identificado con el nuevo proyecto.
La primera cancha estuvo en un terreno delimitado por las calles Saavedra, Brown, Lavalle y Paso, donde levantaron una simple casilla que funcionaba como vestuario. Entre 1902 y 1904, incluso, el equipo llegó a jugar de local en la propia cancha del Quilmes AC: paradojas de una rivalidad que ya estaba naciendo.
Desde el inicio, Argentino de Quilmes buscó diferenciarse del club inglés vecino también en las formas. Mientras Quilmes Athletic agasajaba a los visitantes con té y masas al estilo five o’clock, los jóvenes de la Barranca optaron por algo bien de estas tierras: mate cocido con bizcochitos de grasa. De ese gesto sencillo salió el apodo que acompañaría para siempre a la institución: El Mate.
Pero la rebeldía criolla no se quedó ahí. Hasta la aparición de Argentino de Quilmes, las reglas y reuniones de la Asociación y de la Football League se desarrollaban en inglés. Con la irrupción del Mate, se impulsó la castellanización de la terminología y de los reglamentos, dando un primer paso para que el fútbol argentino empezara a hablar –literalmente– en argentino.
En 1902, Argentino de Quilmes se afilió y comenzó a competir oficialmente en el fútbol de Segunda División en plena era amateur. Luego del ascenso, en 1906 disputó por primera vez el torneo de Primera División y obtuvo los terrenos municipales de la Barranca Quilmeña, donde levantó su estadio.
El Mate fue también pionero en su indumentaria: se considera que fue el primer club en lucir los colores nacionales en su camiseta, compuesta por cinco bastones verticales celestes y blancos. Aquella casaca ratificó su origen criollo y anticipó el diseño que luego se convertiría en símbolo de la Selección Argentina.
Tanto peso tuvo ese modelo que, años más tarde, Racing Club debió pedir permiso para utilizar una camiseta similar. El visto bueno llegó, pero con una condición clara: la casaca académica debía tener franjas más finas y en número de siete, marcando una diferencia visual con el decano criollo de Quilmes.
El estadio está ubicado en la intersección de Alsina y Cevallos, sobre la barranca que mira hacia el río. Fue inaugurado en 1906 y, con el paso de las décadas, se convirtió en uno de los escenarios con más historia del conurbano sur.
Un punto clave en esa historia se dio el 10 de abril de 1927, cuando se inauguró la platea principal, construida íntegramente en cemento y con techo de chapa. Fue la primera tribuna de cemento techada del país, y sus asientos provenían del antiguo estadio de Racing Club. En el interior se instalaron los vestuarios, dejando atrás las clásicas casillas de madera. Hoy esa tribuna sigue en uso y fue declarada Monumento Histórico del distrito de Quilmes por el Honorable Concejo Deliberante en 2016.
Desde 2025, el estadio lleva oficialmente el nombre de Dr. Isidoro Iriarte, aunque para todo el mundo sigue siendo la Barranca Quilmeña, el lugar donde se condensa buena parte de la memoria futbolera de la ciudad.
La historia deportiva de Argentino de Quilmes está marcada por campañas que lo colocan en lugares muy particulares de las estadísticas del fútbol argentino.
El logro más trascendente en la era profesional llegó en 1938, cuando el Mate se consagró campeón de la Segunda División y obtuvo el ascenso a Primera. El título tuvo un sabor especial: se definió en un desempate ante el clásico rival, Quilmes, al que Argentino venció en las dos finales para asegurarse el boleto a la élite.
Ya en Primera División, en 1939, el club quedó asociado a un registro tan insólito como doloroso: firmó la peor campaña de un equipo en la historia de los torneos largos de la máxima categoría. En 34 partidos no consiguió ganar, sumó apenas 4 puntos (producto de los empates 1-1 con Rosario Central, 3-3 con Tigre, 0-0 con Gimnasia La Plata y 2-2 con Platense) y terminó con una diferencia de gol de -113.
Durante 68 años, esos 34 encuentros consecutivos sin triunfos constituyeron un récord mundial, hasta que en 2007 fue superado por el Chernomorets Burgas de Bulgaria, que llegó a 43 partidos sin ganar. Más tarde se ubicarían también por encima el Veracruz mexicano (41) y el SCC Mohammédia marroquí (40), dejando al Mate en el cuarto lugar de ese ranking tan particular.
Luego de descender y alternar categorías, Argentino de Quilmes volvió a hacer historia en el campeonato de Primera C de 1945. Tras haber sido subcampeón en 1944, al año siguiente se consagró campeón con una campaña impresionante: marcó 89 goles en apenas 20 partidos, un promedio de 4,45 goles por encuentro, uno de los registros más altos en cualquier categoría del ascenso. Ese título significó, además, el regreso a la Segunda División, que el club había abandonado en 1943.
El vínculo de Argentino con el ascenso tuvo otro capítulo fuerte en 2006, cuando descendió a Primera D. Con ese golpe, el Mate se convirtió en uno de los pocos clubes que jugaron en la última categoría del fútbol argentino habiendo pasado por la Primera División, y el único que lo hizo tras haber disputado la máxima categoría de manera profesional (Dock Sud, El Porvenir y Sportivo Barracas también bajaron a la D, pero sus presencias en Primera fueron en tiempos amateur).
Lejos de quedarse en la anécdota, el club transformó ese descenso en desafío. En el torneo de Primera D 2012/13, Argentino de Quilmes realizó una campaña histórica: se consagró campeón el 11 de mayo de 2013, con dos fechas de anticipación, y encadenó una serie de 14 victorias consecutivas. Esa racha le permitió superar el récord absoluto de triunfos seguidos, que había alcanzado primero San Lorenzo y que el Mate terminó de romper el 25 de mayo, con un 3-0 ante San Martín de Burzaco.
A lo largo de ese torneo jugó 34 partidos y cosechó 27 triunfos, 2 empates y solo 5 derrotas, para un total de 83 puntos, la cifra más alta en la historia de la Primera D. Fue el equipo con más goles a favor (65), la valla menos vencida (19 tantos en contra) y el goleador del campeonato, Diego Leguiza, con 18 conquistas.
Tras un paso por la Primera C en el que incluso llegó a disputar una final por el reducido de ascenso en la temporada 2017/18, el gran despegue reciente se dio en la 2018/19. Dirigido por Pedro Monzón, Argentino de Quilmes se consagró campeón de la Primera C y regresó a la Primera B Metropolitana, tercera categoría del fútbol argentino.
En esa campaña, el Mate obtuvo 69 puntos producto de 20 victorias, 9 empates y 9 derrotas en 38 partidos, coronando un ciclo de seis temporadas en la C con un ascenso muy esperado por la gente de la Barranca.
El clásico quilmeño, frente a Quilmes Atlético Club, es el más antiguo del fútbol argentino disputado en Primera División: el primer enfrentamiento oficial data del 25 de mayo de 1906, con victoria cervecera por 3-1.
Tal vez el partido más importante entre ambos se jugó el 3 de diciembre de 1938, cuando se midieron en un desempate por el ascenso a Primera. Ese día, el Mate ganó 1-0 y consiguió por primera vez disputar la máxima categoría en la era profesional, relegando a Quilmes al segundo puesto y obligándolo a esperar hasta 1949 para volver a subir.
El último clásico oficial se jugó en 1981 y terminó 1-1, pero la rivalidad sigue viva, alimentada por la cercanía geográfica y la diferencia de identidades: un club de origen inglés frente al primer club criollo del país. Además, Argentino de Quilmes mantiene rivalidades históricas con San Telmo y Dock Sud, habituales compañeros de ruta en el ascenso.
Aunque el fútbol profesional sea su vidriera principal, Argentino de Quilmes es mucho más que su primer equipo. En su sede y predios se practican deportes como balonmano, básquet, vóley, tenis, pádel, taekwondo y natación, y el club cuenta con piletas, quinchos, parrillas, gimnasio, restaurante, salón para eventos y canchas de fútbol sintético. En temporada también funciona una colonia de vacaciones para chicos y chicas de la zona, reafirmando el rol social de la institución.
El microestadio “Roberto Cholo Morguen”, inaugurado el 20 de noviembre de 1992, es otro símbolo de esa vida social y cultural. Nacido a partir de la indemnización por la expropiación de terrenos para la autopista Buenos Aires–La Plata, se transformó en un espacio multiuso para el básquet, el patín, el balonmano, el vóley, el taekwondo y toda clase de eventos. Por su escenario pasaron bandas como La Renga, La Beriso, Las Pastillas del Abuelo, La 25, artistas de cumbia y hasta veladas de boxeo con figuras como Maravilla Martínez.
En lo más alto del edificio se levanta la escultura de un mate, como sello identitario visible desde lejos. De noche, la iluminación del microestadio convierte a la Barranca en un faro deportivo y cultural de Quilmes.
El club completa su estructura con un campo deportivo sobre la calle Alfonsina Storni, con ingreso por Cervantes, cerca del río. Allí dispone de cuatro canchas con medidas oficiales, vestuarios, bufé y un amplio estacionamiento, donde entrenan las categorías formativas y el plantel profesional.
A más de un siglo de su fundación, Argentino de Quilmes sigue siendo el primer club criollo del fútbol argentino, el que cambió el idioma de las reuniones, reemplazó el té por mate cocido y se animó a vestir los colores de la patria cuando casi todo era inglés.
Entre ascensos, descensos, récords dolorosos y campañas inolvidables, el Mate mantiene viva una identidad muy clara: la de un club que nació para que los pibes del barrio pudieran jugar y que hoy sigue defendiendo, en la Primera B y en cada rincón de sus instalaciones, esa mezcla de rebeldía, pertenencia y orgullo quilmeño que lo hizo único desde 1899.